



CAsfixia:
fresca y cautivante
por Jorge Fábregas *
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El exceso debe ser reprimido, el que se excede debe ser eliminado si no quiere cambiar, o ayudado sólo si pide clemencia a sus semejantes; y cuando se trata de un problema de conducta, en los principios de este segundo milenio, la mejor forma de darle fuerza a la voluntad que debe derrotar al exceso, es un grupo de ayuda. Hay de todos los tipos, y probablemente el más divertido sea el de los adictos al sexo, ¿qué mejor lugar para tentar a un adicto al sexo que una sala llena de otros con el mismo problema para ayudarse mutuamente?
Cinismo encarnado en un personaje, Víctor sabe que no quiere resolver su adicción, está convencido que el mundo es una mierda, y sin embargo, con todo y su valemadrismo criminal, es un personaje positivo, romántico en la más pura de sus acepciones.
Asfixia es una novela de Chuck Palahniuk, novelista y periodista estadounidense al que podemos recordar como el autor de El Club de la pelea. De Asfixia se hizo una película, poco exitosa por cierto. Y ahora, el director de cine y teatro, además de guionista, Eduardo Covarrubias hizo una adaptación para la escena.
Fresca y cautivante por su trama, conserva los toques crudos y satíricos característicos de Palahniuk, quien es un cronista de la decadencia; el mundo se está echando a perder, y en muchas zonas ya está completamente podrido, el autor muestra este ambiente pasado, apestoso, pero no sufre al hacerlo, al contrario, no se lo toma en serio, parece más bien que se resigna al destino ineludible, y la porquería fluye a ritmo de normalidad, nadie se altera, nadie se sorprende ante el bochornoso espectáculo de la decadencia humana.
Hay que recordar la dirección anterior de Covarrubias: Extraños, donde se valió de una pantalla para proyectar en ella imágenes que ambientaban las locaciones en las que ocurría la obra. Ahora en Asfixia hace lo mismo, se trata de una puesta multidisciplinaria, multimedia, es teatro, claro, en primer lugar, pero el video aparece en todo momento respaldando las escenas, ya sea con videograbaciones hechas o con tomas instantáneas. Estos lenguajes no se estorban, colaboran entre sí para lograr una puesta en escena atractiva, pero sin recursos novedosos, para aquellos que vieron Extraños.
La puesta en escena es complicadísima desde el punto de vista técnico, hay que coordinar las imágenes, el sonido, y las tomas en vivo con lo que pasa en escena, tareas que al menos en sus primeras funciones no se lograron del todo. Pero la mayor complicación está en el traslado del contenido de una novela al teatro; Covarrubias sintetizó la trama en cuatro actores: Andrés David, Lupita Ortiz, Imelda Sánchez y Roberto Zavala, nadie más, y aunque hay pocos caracteres, se dice de más, la adaptación debió ser más dura con las palabras, no tentarse el corazón con los conceptos que suenan tan bien, pero que se repiten.
Víctor, el pene con patas que fracasó en sus estudios y que se dedica a atragantarse en lugares públicos para recibir la ayuda física y tal vez monetaria de las personas que lo salvan, mantiene a su madre en un asilo. El tono de comedia le hace digerir al espectador este estofado de porquería cotidiana. El director le apuesta a la palabra, y Andrés, Lupita, Imelda y Roberto, luchan contra la prosa, y logran, la mayor parte de la puesta, transformarla en parlamentos salidos de personajes vivos.
Covarrubias se atreve a presentar varias escenas de sexo fuerte que se agradecen, porque son necesarias y prácticamente inéditas en el recatado teatro tapatío. Andrés David, con todo y algunos tics de expresión adalramonescos, logra la construcción de un Víctor despreciable y al mismo tiempo enternecedor, por ingenuo, irresponsable y bueno. Lupita Ortiz es una actriz completa y cuidadosa que borda, pone ladrillo a ladrillo las características físicas y sicológicas de sus personajes. Imelda Sánchez aparece comiéndose el escenario con varios papeles que le exigen absoluta desinhibición; y un simpático Roberto Zavala pone el acento a las situaciones graciosas.
El montaje en su primera temporada de apenas 4 funciones fue en el LARVA, donde la acústica murió evaporada en los quince metros de altura de sus paredes, ahora se presenta en el Experimental de Jalisco, que certifica que esta puesta valiente, desenfadada y barroca, sí es teatro, y no una mescolanza de géneros.
* Crítico de teatro