Inicio

Quienes somos

Teatro

Danza

Llamados a casting

Links

Libro de visitas

Servicios

Anúnciate en Ciclorama

Contacto

Mapa del sitio

PATROCINADORES

 

Tu tambien puedes ser patrocinador de ciclorama

Averigua como.

 

 

¿Y la gastritis?
por Óscar Salas Gómez* ___________________
____________________________________

Muy pronto, antes de la tercera llamada, saltó mucho a la vista la intención de Agustín Meza (de la Compañía de teatro El Ghetto) por impactar sensorialmente, que Anatomía de la gastritis, de Itzel Lara, cuanto le ha servido como magnífico pretexto para la creatividad escenográfica. Algo mencionó Bruno Bert en el Taller de Crítica, coordinado por Fernando de Ita, acerca de las preferencias e inclinaciones del joven director por la iluminación y los espacios vacíos. Todo sucede frontalmente, como si fueran cuadros monocromos de carne y hueso en la sección de los monitos en la prensa impresa, con alternancias de luz y oscuridad, blancos y negros. En los prolegómenos de la llamada final una actriz fue instalada contra la pared, sus largos cabellos sujetados con cinta autoadhesiva por un asistente de producción vestido de enfermero. El inexpresivo rostro parecía en el centro de una cruz. La rubia cabellera y la blanquísima piel contrastaban en el fondo negro, debajo de su centro la oscuridad de su púbica vellosidad. La inmóvil actuación la complementaba un anciano sentado en un banquillo metálico, asiento con eje de tornillo, ataviado con una breve bata atada por la espalda con cordones a regular distancia y unas viejas chanclas, como en espera de auscultación. Lucia anímicamente abatido, físicamente muy deteriorado. En el otro extremo se instaló un calvísimo cellista cuya piel parecía de chocolate, con luengas barbas, portaba un lustrosísimo frac negro, sin zapatos ni calcetines. La fuerza visual del montaje creció a lo largo de la representación, con momentos deslumbrantes, casi ilusionistas o de ilusionismo lumínico, de atrayente simbolismo inexplicable. No escatimó en el deslumbramiento frontal del público y la abundante creación de sombras, éstas parecieron por momentos la justificación de la presencia de los actores; la actuación la daban las sombras. La trama quedó en un plano secundario, aquejada por una cotidianeidad muy versionada: la superficialidad, la brevedad, la vacuidad de las relaciones familiares y sentimentales. El padre siempre en un tono cansino, agobiado por una sobrevivencia repudiada, exasperado por la ansiada conclusión de la vida --el suicidio brindado por manos filiales--, por agotar la cuenta de los respiros. La hija partida en la insustancialidad sentimental hacia quien intima con ella como pareja, hacia el padre largamente no frecuentado y hacia el gatito como amoroso lazo-obsequio que la une a su progenitor, interponiéndoseles las mediáticas bondades del vegetarianismo, especialmente de la cebolla. El amigo-pretendiente, gran malabarista del cuchillo cebollero y la exacta partición de este tubérculo, encarnación del refrán: Sí hay solución ¿cuál es el problema?, y si no hay solución ¿cuál es el problema? Actuaciones capaces de tocar al espectador por las personificaciones, y el logro de convergencias no obstante las divergencias de intereses y desintereses. Como mar de fondo la valorización de la eutanasia, la desvalorización de la persona como consecuencia de su decadencia física, la eventualidad de las relaciones entre las personas. Anatomía, la del padre y la hija que aparecen sin ropa, ¿y la gastritis?, pues no sé.
En el Taller de Crítica la autora apuntó su intención con Anatomía de la gastritis de construir personajes, dejando de lado la anécdota, lo cual no advirtió en el montaje de Meza, pues incluso presentó intenciones y situaciones que no existen en su original. Para atemperar su divergencia recordó haber vivido una experiencia muy lastimosa con esta obra. Alguien intentó una lectura dramatizada de Anatomía…, en su desorientación y desatino, quiso pasarla al foro; sin concluir la presentación se despidió con disculpas. Los gestos de Itzel Lara en el salón-restorán del hotel boutique queretano denunciaron el tamaño de la calamidad todavía muy grabada. Tampoco puedo ser tan exigente, ningún director ha montado una obra mía, le agradezco a Agustín –no presente en la sesión tallerista-- tanto trabajo que ha hecho con mi obra, no se fue por la libre --intenta una sonrisa--, me hizo muchas preguntas por la red, concluyó la veinteañera dramaturga con dejo de conformidad-resignación, consciente, también, de su insipiencia creativa con las letras. En algún momento, después de la IX Jornada de la Joven Dramaturgia, Agustín Meza me comentó, con enfática entonación de asombro, la cantidad de cortes que hay en el texto.
Esta representación en el Museo de la Ciudad de Querétaro no fue ninguna lectura-espectáculo, si llega alguna cartelera, queda claro que le sobran peculiaridades que llamarían a conocer Anatomía de la gastritis, de Itzel Lara, puesta en escena por Agustín Meza.

* Periodista y fotógrafo queretamno espacialista en danza y teatro

 

Regresar a críticas