



La
Corsetería es mi última salida quijotesca
(Entrevista
con José Sanchis Sinisterra) *
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Infatigable, a sus 70 años Sanchis Sinisterra sigue desenvainando la espada: este año ha escrito cuatro obras de teatro y tiene otras 23 en mente, sigue con sus cursos de dramaturgia por Latinoamérica y el próximo mes abre en la calle Cabeza, 8, de Madrid, La Corsetería, un laboratorio teatral.
PREGUNTA:
Para un autor tan preocupado por la forma de sus obras, no parece un mal nombre
La Corsetería.
RESPUESTA: Ocupamos un local que fue corsetería, y nos ha parecido
un nombre simpático. Pero éste va a ser un lugar provisional,
aspiramos a tener un espacio que pueda ser también sala de teatro.
Y respecto a mis preocupaciones estilísticas, sigo a Beckett. Intento
que cada obra que escribo no se parezca a la anterior, que abra nuevos horizontes
formales y temáticos.
P:¿Qué
va a ofrecer este Centro?
R: Lo más importante es que va a ser un laboratorio para la investigación
teatral, algo que ya no se hace en este país, en donde la universidad
y el teatro están divorciados, y en donde los teatros públicos
se dedican a otra cosa. No podemos limitarnos a fotocopiar lo que hacen otros
o seguir en la internacional festivalera. Así que vamos a organizar
talleres de investigación pura y dura, pero también a seguir
la senda del teatro “comunitario” (Augusto Boal), de vincular
a la gente del barrio con lo que hacemos.
P:
Cuando hablan de buscar la dimensión social del teatro me crece el
escepticismo.
R: Mi experiencia en Latinoamérica, en este sentido, ha sido fundamental.
En Argentina, por ejemplo, hay muchas agrupaciones de vecinos que trasladan
sus problemas al grupo de teatro que han formado. En Brasil he entrado en
las favelas a dar talleres. Me propongo conectar con otros colectivos y por
eso me interesa estar en este barrio multirracial (Tirso de Molina).
P:¿A
quién espera ver por La Corsetería?
R: Noto algo en el ambiente, hay efervescencia de gente que quiere hacer otras
cosas. Un sector de profesionales, y no solo gente joven, cansados del sistema
teatral sometido a las leyes del mercado, que solo busca nombres famosos y
mediáticos. Por otro lado, son tiempos de austeridad y, por tanto,
nos toca resistir en el teatro de pequeño formato, el del texto y el
actor.
P:
Comienza el 15 de enero ¿De qué forma?
R: Impartiendo un taller para una quincena de dramaturgos y actores que se
titulará “Monólogos para actrices desesperadas y algún
actor”, en el que como ya es habitual en mis talleres prohibo que se
trate el tema de la pareja.
P:
¿Y luego?
R: Seguirán otros proyectos. Quiero que el centro anime la presencia
del teatro latinoamericano en España, no sólo de Argentina.
Vamos a hacer unas lecturas de Nelson Rodrígues, el autor brasileño
más importante del siglo XX.
P:
¿El Centro lo ha montado sin apoyos institucionales?
R: Llevo tres años madurándolo y no le voy a contar a qué
instituciones he ido y las promesas que me han hecho, pero con el agravamiento
de la crisis he optado por arrancar con unos dineros propios y un equipo de
personas. Creo que cuando entremos en actividad, despertará el interés
y alguna de esas instituciones puede concedernos un local, una sala para 200
personas.
P:
Así ocurrió con la sala Beckett de Barcelona ¿no?
R: Sí, a las tres semanas de abrir, las tres administraciones nos apoyaron.
Ahora nos han dado un espacio formidable en Poble Nou, donde se instalará
la futura Fundación.
P:
¿Por qué no cohabitar con una sala ya abierta en vez de abrir
otra?
R: Quizá por un prurito de individualidad, por querer que el proyecto
nazca con personalidad. Eso no quiere decir que no vayamos a establecer nexos
con salas afines.
P:
Veo que no le basta escribir, ¿qué le impulsa a seguir con nuevas
empresas?
R: Sigo escribiendo sin parar, este año cuatro obras: dos ya estrenadas,
Próspero sueña Julieta y Cronopios rotos, y dos inéditas,
Saturnal, que no sé muy bien de qué trata, y Vitalicios, sobre
los recortes. Y ahora tengo 23 proyectos de obras, el más avanzado
es Bonobos que cantan salmos, una ofensiva contra las tres religiones monoteístas.
Pero el Centro es la última salida de Don Quijote, mi última
andadura. Responde a una necesidad, me permite seguir creyendo en una serie
de cosas.
P:
¿Sigue pensando que los directores no le montan bien sus obras?
R: Sí, tenemos que convencer a los directores de que se hagan una liposucción
de ego.
Por
Liz Perales/
Cortesía de CELCIT