



LA DANZA, UN HECHIZO QUE PERMANECE EN LA MEMORIA: JOSEFINA LAVALLE
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Para Josefina Lavalle, la danza no es sólo forma: es sentimiento, es
estructura, pasión y contenido. La danza, sin importar la edad, es
juventud eterna y un lenguaje para transmitir emociones a través del
espacio y el tiempo.
Una
buena coreografía, afirma, se recuerda por años, no se necesitan
imágenes ni tecnología para capturarla, es un hechizo que permanece
en la memoria del que alguna vez la presenció.
En
entrevista, la coreógrafa reconocida con la Medalla de Oro de Bellas
Artes recuerda que en su casa todos eran muy bailadores. En las fiestas todos
seguían el ritmo de la música. Desde los siete años solía
jalar la falda a su madre para que la llevara a las clases de danza.
Aunque
comenzó estudiando piano junto a su amiga María Teresa Rodríguez
(Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008) y alcanzó un alto nivel,
muy pronto comprendería que su vocación era el movimiento, el
reto al espacio, el capturar el sentido de la música a otro nivel:
el corporal.
“Yo
estaba en medio de dos amores, era una lucha difícil entre las zapatillas
de punta y las teclas del piano”, aseguró la coreógrafa,
mientras observa la luz que se filtra por los ventanales de su soleada terraza,
donde se encuentra el piano, cuidadosamente cubierto, donde solía practicar
sus clases.
A
los 14 años iniciaría su entrenamiento formal en la Escuela
Nacional de Danza, cursando ballet clásico y regional. Los años
que siguieron fueron de duro trabajo para posicionarse en el medio y adquirir
un estilo propio dentro del movimiento, mismo que fue observado por el coreógrafo
Walden Falkestain, quien la invitó a ingresar al Ballet de Bellas Artes.
Más
tarde, Carlos Chávez fundaría la Academia de Danza Mexicana
del Instituto Nacional de Bellas Artes y Josefina Lavalle ingresaría
como una de las bailarinas fundadoras.
“En
ese tiempo se iniciaron las campañas de cultura y alfabetización
en las que diversas compañías de danza, teatro y música
viajaban por el interior del país. Nosotros prácticamente recorrimos
todo el Bajío. Nos ponían un tablado en cualquier plaza o comunidad
y comenzábamos a bailar”, rememora.
Durante
esos viajes, Lavalle observó de cerca la tradición, fuerza y
profunda cosmogonía de las danzas regionales, a las cuales dedicaría
diversas investigaciones durante gran parte de su vida.
“Me
sorprendía ante todo la diversidad de matices en esas danzas, muy conectadas
a la naturaleza, a su entorno, a las enseñanzas milenarias. Había
danzas indígenas que mostraban un gran poder y otras que eran suaves
como el balanceo de los árboles por el viento”.
Lavalle
lamenta que en la danza actual los coreógrafos se inclinen más
por propuestas muy modernas donde la técnica pareciera abarcarlo todo
y donde pocas veces tienen cabida sus raíces mexicanas. Da su punto
de vista:
“Ahora
las coreografías son más forma. Los coreógrafos se interesan
por mostrar muchos elementos sofisticados, pero casi no hay trabajo de mesa
con los bailarines. Me acuerdo cuando Seki Sano nos ponía a leer y
a investigar antes de un montaje, hoy eso parece olvidado”.
Lavalle
es autora de más de 40 coreografías en cuyo montaje colaboraron
creadores como Silvestre Revueltas y Efraín Huerta. Entre los títulos
destacan La maestra rural, Danza para Cinco Palabras, Sueño de un domingo
por la tarde en la Alameda, El informe para una academia y Cambio de Tiempo,
entre otras.
Lamentablemente,
afirma, muchas de esas coreografías nunca fueron registradas por no
existir aún el video, aunque incluso se encuentran vivas en su memoria.
“Hay
diversos sistemas para crear guiones de danza, pero se necesitan bailarines
y un foro. Si alguien me diera las facilidades me gustaría registrar
para la posteridad los guiones de las coreografías Danza para cinco
palabras y El informe para una academia, esta última muy atacada en
su tiempo por su temática”.
Actualmente,
Josefina Lavalle continúa perfeccionando un sistema de registro de
movimiento para crear piezas coreográficas dirigidas a niños
de primaria.
El
primer resultado de este esfuerzo es el libro Historias del movimiento, editado
con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través
del Fonca y en el que plasmó una serie de cuentos didácticos
con procedimientos para comprender y practicar la danza.
“El
baile es algo natural en el ser humano. Los niños mueven su cuerpo
todo el tiempo, es un instinto que forma parte de su ser. La idea de este
proyecto es que los pequeños despierten su imaginación a través
del movimiento”.
La
coreógrafa concluye la plática: “La danza siempre ha sorteado
las crisis, ha sido un arte muy relegado por los apoyos, pero siempre ha salido
adelante, por ello se debe devolver esta expresión a la gente. Los
coreógrafos preocupados sólo en propuestas vanguardistas deben
entenderlo, hay que tender un puente para crear a los públicos del
nuevo milenio”.
(HBL)