



Jaime
Blanc, danza y teatrodanza
Entrevista realizada por Óscar Salas
Gómez *
(1era parte)
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Esta colaboración de Óscar Salas Gómez, revisada y ampliada para Ciclorama, fue publicada en "Barroco", suplemento cultural del "Diario de Querétaro" en dos entregas el 1 de febrero y el 15 de marzo de 2009.

Llevaba
varios años, quizá pocos para el lapso de su edad, doliéndose
de una molestia en la espalda resumida como contractura, entonces apoyaba
las manos en sus riñones. En el Centro Nacional de Danza Contemporánea
también se burlaba de la incompetencia de sus rodillas no ya para bailar,
sino siquiera para su ejercicio docente de la danza y la creación coreográfica
en condiciones menos hostigantes para su cuerpo.
Por fin un día, y por varios sin cuenta, artistas, cultureros y autoridades,
principalmente en Querétaro, se movilizaron febrilmente para hacer
el mayor acopio posible de dinero. La hospitalización y tratamiento
médico de Jaime Blanc resultaba de desmesuradas dimensiones monetarias.
La seguridad social, históricamente omisa con los artistas del escenario,
tan necesitados de especialistas de cada una de las partes de su instrumento
de trabajo, su muy cultivado cuerpo, en el más afortunado de los casos
resultaría un paliativo retardatario de la inhabilitación final,
en la realidad, un sobajante y deprimente confinamiento preparatorio de las
discapacitación permanente.
Corrían
los prolegómenos anteriores a la primera llamada, pasar el mop o al
menos un trapeador y reclamar pisadas con calzado; pedir a gritos cualquier
cosa: un gel, un billet, una cinta adhesiva, un delineador, un suspensorio,
un desodorante; instrumentar invocaciones; verificar las marcas de los muebles
escenográficos: el volumen de la música, la intensidad lumínica;
estirarse, marcar pasos, recontar cuentas.
El acompasado claqueo de las cuatro patas engomadas, entrelazadas formando
un corralito, resultaba inconfundible, alguien había llegado apoyado
en una andadera para presenciar el programa Cristal de Sueños
y Realidad de la compañía
Ciudad Interior, fundada y dirigida por Alejandro Chávez Zavala, antiguo
alumno de Jaime Blanc en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea.
“Jaime es capaz de llevarse a casa un problema de clase y no descansar
hasta encontrar la solución que propone en la siguiente” declaró
en entrevista una alumna después de haber realizado una experiencia
neoyorkina durante un mes, para subrayar la dedicación personalizada
que de él podían esperar, en comparación con la frialdad
e indiferencia que recién había conocido, y por un precio muy
inferior a los trece dólares que debía pagar por una hora de
sesión en un numerosísimo grupo.
Mi
conocimiento de Jaime Blanc empezó, sin saberlo, en 1994 en el queretano
Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez al presenciar El demonio
de la noche. Me informé del título y el autor
diez años después. Independientemente de la plasticidad escénica
queda el recuerdo de la congruente creación de atmósfera con
el título de la obra: un mundo perteneciente a la mente sumergida en
el sueño, la fusión de los cuerpos, sus siluetas, la sinuosidad
de sus movimientos con las texturas de larguísimas y enredadas telas.
Aquella enorme sombrilla, no obstante sus dimensiones humanas, delimitaba
el suceder escénico en el inabarcable foro de dicho recinto. Corto
tiempo después conocí Allegro que
me llevó a conceptuarlo como un coreógrafo menor en Ballet Nacional
de México. Alguien que habiendo dejado de ser bailarín lo dejaban
ser otra cosa, y así lograba meter esa piececita en las entonces temporadas
queretanas de la compañía con el pretexto de darle juego a los
alumnos más avanzados del CNDC con oportunidades de presentarse “profesionalmente”.
Para contrariar esta idea también me pregunté ¿por qué
no el movimiento por el movimiento, el danzar por danzar sin tema aparente
o abiertamente declarado? Esta ocupación “telonera” de
Jaime me la reafirmó Aperitivo, una creación
con vocación preliminar a Las cuatro estaciones, de Luís Arreguín
precisamente sobre la música de Antonio Vivaldi, el prète rosso
de Venecia. Fue un momento de enorme concertación vivida por BNM. Hacia
el exterior queretano con la Orquesta Filarmónica de Querétaro,
y al interior en la creación coreográfica al unísono.
Federico Castro compuso Mitos y narraciones sobre la música de El
Pájaro de Fuego del compositor ruso que murió
estadounidense Igor Stravinsky. Estas composiciones de gran formato, muy repuestas
por ejemplo en el Palacio de Bellas Artes y en el Centro Nacional de las Artes,
ahondaron el empequeñecimiento de aquel Aperitivo
que no vivió más allá de la recompuesta segunda reposición;
para los jocundos intérpretes fue una charanda que mucho degustaron
como charada. En esa imprevista función de despedida, quizá
en un intento de sobrevivencia aparecieron unos sombreros o tocados de anchísimas
y ondulantes alas que me remitieron irrisoriamente a aquellas turistas gringas
que a mediados del siglo pasado me enseñaron a identificar como american
crazy.
En BNM Jaime Blanc fungía también como cicerone, o más bien, sin alzar la mano, aceptaba dar la cara cuando se requería hablar a nombre de la compañía con intenciones ilustrativo-informativas. Entre todos los integrantes del decano grupo artístico era quien menos rehuía hablar ante terceros, incluso en inglés.
Pocos hechos, y de escasa concreción, me permitían ver en Jaime a un coreógrafo, sin embargo en la primera entrevista que me concedió a principios del 2000 existen respuestas opuestas a mi concepción de su condición creativa.
¿Te
considera marcado indeleble e irremediablemente por Ballet Nacional en tu
condición de coreógrafo?
Quiéralo o no, pero sí lo quiero, pertenezco a una
tradición en el orden y la utilización del movimiento que proviene
de una concepción de la danza que nos ha inculcado la maestra Bravo,
y no ha sido con machete ni a golpes, sino a través de la obra misma.
El haber trabajado tantos años con Guillermina como intérprete,
viendo sus obras, aprehendiéndolas, me ha enseñado las pocas
cosas que sé como coreógrafo: el uso del espacio, de la dinámica,
de las intenciones. Uno aprende de ella al estar en contra de ella, pero como
una ramificación a partir de su propuesta o aportación. A partir
de las oposiciones se va creando el movimiento. Cuando alguien de fuera ve
cómo monto una obra dirá: “Este chavo (sonríe y
corrige), ese señor es de Ballet Nacional”, por el uso de los
ataques en el cuerpo, por el fraseo, por el juego del espacio.