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La sustitución, de Sergio Pérez, el creyente
Entrevista realizada por Óscar Salas Gómez *
(1era parte)

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Publicada en "Barroco", suplemento cultural del "Diario de Querétaro", 8 de marzo de 2009.

La diversidad de nombres y créditos para la actuación, el diseño y venta de vestuario, la creación coreográfica, la obtención de apoyos institucionales configuran la personalidad del artista que me recibe por segunda o tercera ocasión en su domicilio queretano a unas horas de regresar de una visita familiar en Guanajuato, “a unos diez minutos de la capital”, esa donde en enero de 2009 el presidente municipal intentó prohibir los besos en la vía pública.
Cuándo, donde y cómo comenzó esta danza de Sergio Pérez, ganador del Premio Miguel Covarrubias 2008, edición XXIX, como Mejor Ejecutante Masculino en el Concurso de creación coreográfica contemporánea INBA-UAM, participando en la interpretación de Artefacto II, de Alejandro Chávez Zavala.

Mi primer encuentro con el arte fue a través de la poesía. Tendría siete años cuando nos mandaron una maestra que nos enseñaría declamación. Dos años después, aproximadamente, sería el teatro, como a los 9 u 11 años. Antes de entrar en contacto con la danza contemporánea, a los catorce años, estuve ocupado en la danza folclórica alrededor de siete años porque sólo tenía dos opciones: el futbol o la danza de la Casa de la Cultura que primero fue de Culturas Populares y con (el presidente José) López Portillo cambió a FONAPAS, después del DIF, y actualmente no sé qué cosa sea. Anduve en la vagancia casi un año, y regresé a la danza, a las dos, pero la segunda apenas con media docena de actuaciones, y ya me quedé en la primera. El contemporáneo lo hacíamos en el Teatro Juárez que también lo ocupaban para la coronación de la reina, la presentación de Las leandras, etcétera, y no podíamos tener una continuidad progresiva; cada que regresábamos volvíamos al principio. Nos cambiamos al auditorio de la Universidad (de Guanajuato) donde nos llegaba el humo de cuanta celebración realizaban los estudiantes. Después de un año no veía ningún progreso. Los alumnos que formábamos parte de algo parecido a un plan piloto juntamos nuestro dinero para que Juan Caudillo y Victoria Camero nos montaran un número y nos impartieran un curso. Me enamoré de Victoria. Juan tenía un encanto, pero mi ideal fue ella. Carlos Gaona, maestro fundador de Ballet Nacional, me reprobaba tal preferencia. Empezamos en diciembre, en septiembre dimos la función, y en octubre de 1979 me vengo a México a hacer carrera en la escuela de la compañía, porque Victoria ya me había invitado: Sergio vente, talentos como tú no se dan diario. Permíteme presumirte. En el rancho, donde mis abuelos tenían burros, chivos, gallinas, puercos, mulas, siempre andaba haciendo alarde de mi capacidad para saltar, correr, trepar, colgarme, superar a los demás en juegos de fuerza. Mis primeros siete años en la hacienda fueron como una danza. Cuando conocí el contemporáneo dije: Esto es lo mío, esto ya lo he hecho, esto lo tengo. Los maestros que tuve en Guanajuato se formaron en BN, y cuando llego buscando una preparación superior fue como una reafirmación y una continuación viendo el arco de Antonia, el tilt de Victoria, la cuarta de Eva, los saltos de Miguel.
En marzo del ’81 me invitan a bailar con la compañía supliendo a Juan Caudillo que estaba lastimado, y para completar el elenco, a Federico Castro que en esa fecha dejó de bailar. A Juan lo sustituí en Planos. La maestra (Guillermina Bravo) le preguntó a Federico cómo se arriesgaba conmigo de sólo 17 años. ¿Quiénes estaban en el elenco de esa danza? Ya sabrás, pues los lobos de Antonia, Miguel y Pepe Mata. Éste se fue y Juan tomó su lugar. La gira a Cuba fue con Juan Caudillo, en el ’84. Guillermina (Bravo) acababa de hacer El llamado que tuvo muchísimo éxito en la isla. Tuvimos cuatro sedes: Holguín, La Habana, Camagüey… y de ahí salíamos a otras ciudades. Nos presentamos donde nació Fidel (Castro, en Birán en 1927). En Chibirico se fue la luz en todo el pueblo, las autoridades dijeron a la población: “Si quieren ver la función, se tiene que suspender la luz en todo el pueblo”.

¿Cuántas funciones dieron?

Visitamos alrededor de catorce localidades –Cuba está dividida en catorce provincias--, estuvimos cerca de seis semanas.

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